viernes, febrero 24, 2012

Isabella

El sol de medio día debió estar sobre las nubes blancas que anunciaban una lluvia ligera. Ella debió estar parada observando el horizonte delimitado por un cuerpo acuífero sin denominación exacta. El prado a sus espaldas relucía en un rerde digno del verano. Tenía la misma postura de siempre, la espalda erguida, las piernas ligeramente abiertas y las manos en las bolsas del pantalón. Raro en ella, traía el pelo largo, oscuro, recogido debajo de una gorra. Se pasó la mano por la nuca desnuda, movió la cabeza a un lado y al otro. Su figura era esbelta, alta y elegante. Vestía un traje café de tres piezas y una camisa blanca. La tela pesada delineaba su contorno como si lo recortara en el azul del agua y el cielo. Esperaba. Suspiró sin darse cuenta, sin decir nada.
La inercia la hizo voltear. Sus grandes ojos cafés se posaron en una silueta que caminaba desde el otro lado del horizonte hacia ella. Gritó su nombre y ella le sonrió como si pudiera verla. Levantó la mano y saludó en el aire por encima de su cabeza. La figura tomó forma, era otra mujer, vestida de algún color claro que ella aún no podía diferenciar debido a la distancia. Metió la mano en la bolsa del pantalón de nuevo y avanzó a pasos grandes. Ella llegó corriendo con el vestido claro ondeando entre el viento y el movimiento. Se abrazaron. Sus dedos largos se torcieron entre los cabellos rubios de la recién llegada que la miraba con la vista clavada en sus labios. No se atrevió a besarla aún.

- ¿De dónde vienes? - Le preguntó rozando su boca con los labios.
- De la ciudad. - Respondió ella. - Isabella, debiste venir conmigo, las flores, las guirnaldas... debiste verlo.
- Iré otro día, te lo prometo. - Paseó su mano por el rostro de la rubia mientras le sonría con una picardía que no podía evitar teniéndola tan cerca.
- Bueno, me la debes, entonces. Irás conmigo la próxima semana. - Isabella no respondió. - No importa realmente.
- ¿Compraste algo interesante?
- Sí, un libro, no lo vas a creer, ¡es fantástico! Estoy segura de que te va a gustar. Dicen que al final no pasa gran cosa, pero la prosa, Isa, la prosa, es maravillosa. Lo escribió una mujer, inglesa, creo yo. Lo verás cuando volvamos a casa, lo dejé ahí. - Ella se había desprendido del abrazo para gesticular cómodamente en favor de aquella novela que la había fascinado.
- ¿Me lo prestarás después de leerlo Gina?
- Claro que sí. Seguramente lo terminaré pronto. 
- Quizá te tardes más de lo que piensas. - La besó. Gina se colgó del cuello de Isa, ella la detuvo por la cintura y dejaron que se les fueran los minutos en un beso.
- Tengo hambre, creo que deberíamos volver. - Gija tomó su mano y caminaron de vuelta a casa, del otro lado del prado.


(Una historia inconclusa de un sueño lejano.)

martes, febrero 21, 2012

Cuestiones

Mi vida ha estado llena de certezas: la de estar, la de no estar, la de querer estar, la de saber que estaré cuando el momento sea adecuado. La certeza de sentir ha sido siempre la más importante, la que me recuerda de pronto, en esos instantes extraños en los que parece que se me olvida dónde estoy, que me encuentro en el momento acertado. Las preguntas vienen primero, siempre. Ella vino ayer mis sueños y convirtió la última cuestión en una certeza rotunda.

Se acercó por la espalda, con esos pasos que retumban en el horizonte distante, con la sonrisa plácida de siempre. Me dio la vuelta por la izquierda y yo la vi pasar de reojo. De alguna manera ya sabía que vendría. Se sentó frente a mí, en una silla que apareció de la nada. Lo hizo con cierta solemnidad, la espalda recta, el cuello alzada, las manos sobre las piernas. Parecía que flotaba. Pero, claro, yo estaba soñando y lo sabía. Era un cafecito, muy pequeño, en alguna calle que se parecía a todas las que conozco. Levanté los ojos de la libreta en la que escribía, compuse mi postura en la silla, sonreí desde el principio, desde que la sentí venir a lo lejos. Dejé la pluma y cerré la libreta.

- Siempre que te apareces es para regañarme, ¿qué hice ahora?
- Nada, - dijo muy segura de sí misma-, sólo vine a platicar contigo.
- No, jeje, no puede ser, algo te traes entre manos o no estarías aquí, cerciorándote de que todo pase como tiene que pasar.
- Tienes razón, como siempre, jeje. Vine a plantearte una cuestión importante...
- Hum... ¿de qué se trata?
- ¿Hasta cuándo piensas que seguirás aquí? - La miré con asombro. - Hasta que termines lo que tienes que hacer, sólo eso. No pasarás más tiempo del estrictamente necesario.
- ¿Me estás diciendo que cuando termine mi parte debo irme? ¿No puedo siquiera saber cómo terminan las cosas?
- No está puesto de esa manera.
- Ja... ¿me trajiste de vuelta sabiendo que no quería hacerlo, me vas a mandar a los lobos y dices que todo terminará ahí para mí? ¿Así funciona?
- Sí, me temo que sí.
- Eso no es justo...
- No dijimos que lo fuera.
- Hum...
- No quiero irme sin saber qué sucede después, qué pasa después de todo. Al menos me deben eso. Déjame saber qué pasará, quedarme a verlo solamente. Después puedes llevarme como mejor te parezca, sin dolor de preferencia. - Mi miró con los ojos muy abiertos, luego con expresión de duda. - Piénsalo bien, no haré nada más que lo estrictamente necesario. Sólo te pido saber cómo termina. No me puedes dejar ir sin contarme el final de la historia y menos si yo he escrito parte de ella. Por favor.

Ella sonrió como si estuviera por concederle un deseo caprichoso a una niña. No me dijo nada, sólo movió la cabeza de arriba a abajo y preguntó si tenía otra petición, le pedí que al llevarme lo hiciera tranquilamente sin dramatismos ni nada parecido. Se rió de mí.

- ¿Crees que puedo concederte todos tus deseos?
- No, pero creo que puedes apelar por ellos. También creo que si las cosas funcionan como las tenemos pensadas, entonces me deberás al menos eso.
- Ok, si las cosas salen bien, así será. Te dejaré quedarte hasta el final y te llevaré sin dramas.
- Gracias.
- De nada. - Ahí noté nuestra repentina diplomacia. - ¿Cómo has estado?
- Jajajaja, buen momento para preguntarlo... bien, atareada, con muchas cosas en la cabeza...
- Como siempre.
- Sí, como siempre.

Volví los ojos a la libreta. La abrí en una página específica y se la entregué.

- He estado haciendo esto... mira.

Leyó el contenido mientras yo observaba un panorama que cambiaba con el paso de mi mirada. La calle se convirtió en bosque, en selva, en río, en mar, me fundí en el océano sin importarme quien estaba aún sentada enfrente. Regresé a ella y seguí imbuida en el relato. Entonces torné al otro lado y vi claramente al café convertirse en un parque, árboles saliendo de la tierra como pintura que escurre, gente apareciendo por arte de magia. Sonreí satisfecha. Ella hizo lo mismo y me regresó la libreta.

- Perfecto, sigue con ello. Creo que todo va muy bien, entonces. No me necesitas aquí. - Se levantó y pasó su mano por mi hombro ligeramente al irse. Volví a mi trabajo.

La última certeza de mi vida es la de seguir con lo que hago, con lo que he hecho, la de terminar con lo que he empezado. La última certeza fue una pregunta implícita que ella sólo vino a responder.

domingo, febrero 19, 2012

La Voz

- La complicación de hacer planes tan acelerados es que nunca sabes cómo van a resultar realmente, aquí estamos desde hace cinco días, escondidos del mundo, sin poder comunicarnos con el exterior. Me siento rata.
- ¿Por qué estás dudando tanto de ti? Es por ti que estamos todos aquí, por quien hicimos todo desde un inicio, tú nos impulsaste a hacerlo, nos convenciste de la causa. ¿Te acobardaste ahora? ¡No puedes hacernos esto!
- Es que... no hay mucho por hacer... - La Voz miró por la ventana. Las calles estaban casi desiertas, sólo algunos soldados circulaban por ellas sin temor. - Tienes razón, me estoy apanicando por nada, lo siento. Fue un lapsus.
- Sal de él, te necesitamos. - La Voz respiró hondo, había tenido un par de ataques de nervios desde la última balacera, no podía evitarlos.

jueves, febrero 16, 2012

Ella

Ella tenía la frente manchada de lodo y las manos de sangre. Había corrido por cerca de dos horas entre las calles de la ciudad y estaba aún muy cerca del centro. No sabía qué hacer. Sandoval se le había perdido varias calles atrás. Miró a su alrededor, buscó reconocer los nombres de las calles para tener una idea de hacia donde ir. Oyó pisotones a lo lejos, gritos de hombres que se decían qué hacer y para dónde moverse. Tenía que seguir corriendo. Tomó la calle de la derecha asumiendo que la llevaría lo más cerca posible de La Voz. El ruido de los hombres quedó a sus espaldas. Cinco minutos después, cuando la adrenalina se había desvanecido en sus venas, notó que necesitaba descansar, pero no podía hacerlo a cielo abierto, era demasiado riesgoso. Buscó una casa, un edificio, en la que pudiera quedarse por un rato, al menos hasta que recuperara el aliento.

domingo, febrero 12, 2012

Libertad

Fernanda miraba la ciudad desde el ventanal del cuarto, se había bañado con el agua más caliente que pudo aguantar, se había puesto encima nada más que la bata del hotel y se había parado ahí. Se abrazaba a sí misma intentando contener unas lágrimas que no lograba comprender del todo. Los edificios relucían en luces artificiales a lo lejos, las calles bullían de autos y en su mente todo lo que había era un enorme vacío. No alcanzaba a creerlo, ni siquiera a pensarlo, a preguntarse qué hacía o por qué estaba ahí. Se abrazaba a sí misma esperando encontrar en ella un consuelo que no había sido capaz de retener en sus propios brazos. Se sentía más sola que nunca ahora que parecía estar de nuevo en compañía del mundo. Sentía el enorme vacío llenarle las neuronas, escaparse entre las conexiones nerviosas y bajar por su espalda sacudiendo su cuerpo desnudo. Respiró hondo. Se pasó los dedos por el pelo mojado. Abrió la ventana y sintió el aire frío golpeándole los poros. Se sintió... ¿viva? ¿Libre? Confundida. Volvió a cerrarla. Se sentó en la cama frente a una televisión de pantalla plana y la miró incrédula, como si se le hubieran perdido todos los recuerdos de la vida fuera de la prisión. Como si fuera un paciente amnésico que ha sido soltado al mundo para devolverle la memoria de sopetón. Estaba absorta. Pensó en Revolución, ella entendería el sentimiento, seguramente lo haría. Pensó en Sandoval, en ella... la historia de amor que nace de una revuelta, seguro también habían terminado mal. Pensó en La Voz... La Voz... Él estaría por llegar en cualquier momento para llevarlas a cenar y explicarles qué había sucedido desde que ellas fueran tomadas. Seguro él sí sería muy diferente a los otros, bien arregladito, peinadito y perfumado, trajeado, con su sonrisa de político a la alza. ¡Iac! Yo no pelee por eso, no por tener a otro de esos ahí arriba empujándome pa'bajo con el dedo con el que votamos. Ojalá no sea exactamente así, ojalá mantenga los ideales, ojalá tenga los huevos para mantener los ideales y llevarlos a cabo como los pensamos. Ojalá no hayamos peleado en vano, no hayamos perdido la batalla ante el sistema. Ojalá no sea como un virus de contacto, de esos que apenas respiras cerca de otro enfermo se te pega y te atormenta por el resto de tus días. Ojalá todo sea lo suficientemente distinto como para que haya valido la pena - siquiera un poco - haber permanecido en la oscuridad inerte por tanto tiempo. No pudo evitarlo más, se soltó a llorar mientras apretaba contra sí una almohada que sofocaba los alaridos de rabia que había aguantado por mucho. Lloró sin querer contenerse, tendida en la cama. Lloró por los ojos que le dolían frente al sol, por la falta de sueños que de pronto la había atrapado al volver, por el tiempo perdido entre ignomia, por todas las veces que quiso golpear en la cara y en los huevos a los hijos de puta que la torturaban por placer, por las ganas de matarlos que aún contenía en puños cerrados frente al espejo, por la vida que se le había marchitado en la sombra. Lloró hasta sentir que las horas se pasaban. Lloró hasta dormir.

Revolución estaba en la habitación contigua, sentada en una silla, observando el cuarto sin emitir sonido. La mente en blanco. Habían llegado por la mañana y ella aún no se había movido de ahí. Le habían traído la comida al cuarto, los platos permanecían semi vacíos frente a ella. Vio las horas pasar por las cortinas del ventanal sin ganas de moverse. Cuando sintió que la luz se le agotaba en la habitación fue cuando por fin se puso de pie. Entro al baño y al encender el foco, se quedó observando cada detalle del mismo por un largo rato. No fue sino hasta que el teléfono sonó que Revolución logró salir de su trance casi catatónico. Se acercó al aparato como si no supiera qué hacer con él. Descolgó. Un hombre le dijo que pasarían por ellas en una hora, que estuvieran listas o avisaran a la recepción si se encontraban indispuestas. Ella asintió con la cabeza olvidando que él no podía verla, luego le dijo que sí. Colgó. Cerró las ventanas para no ver y no ser vista. Prendió un par de luces tenues en la habitación y se quitó la ropa. Se miró al espejo. Los moretones de las costillas no habían sanado totalmente, el de la pierna se veía verdoso, las cicatrices de las manos aún estaban abiertas, su labio era lo único que había mejorado, ya no estaba tan hinchado como antes. Pasó un rato observando cada centímetro de su cuerpo, examinando los daños. Respiró hondo cuando logró verse a los ojos. No quiso llorar, era demasiado fuerte para hacerlo ahora, todo parecía haber terminado de alguna manera u otra y empezaba a no importarle el resultado, sólo quería salir de ahí. Necesitaba aire. Se enrolló en la toalla mientras sentía que se sofocaba, abrió la puerta del cuarto y salió al pasillo a respirar con pesadez.

jueves, febrero 09, 2012

¿Libertad?

La Voz desesperaba detrás de la puerta de la oficina, parecía animal enjaulado. El traje le picaba en todo el cuerpo, la barba al raz le causaba comezón y la palabreja política empezaba a darle dolores de cabeza. Caminaba con pasos indecisos por primera vez en mucho tiempo. Mi primer acto debe ser liberar a los presos políticos, mi primer acto será liberar a los presos políticos, mi primer acto es liberar a los presos políticos. Tenía la mente hecha pelotas entre el parloteo de otros y el interno, escuchaba lejana a una muchedumbre que le aclamaba. Incrédulo, miró el escritorio enorme que yacía frente a sus ojos, al otro lado del cuarto. Ya estoy aquí, donde siempre quise, agárrate de los tenates y anda, esto es lo que estabas esperando, ándale cabrón, pudiste más que ellos, puedes manejar a la masa, hoy puedes manejar a la masa que te quiere. "Estamos listos", dijo una voz masculina abriendo la puerta. Volteó y lo vio de frente, lo abrazó esperando sofocar las dudas en su entusiasmo. Él lo abrazó, palmeó su espalda y le sonrió. Tranquilo, tú puedes, es la misma gente con la que has hablado desde el principio, nomás que hoy te ven limpiecito y perfumado, entrajado, pero son los mismos y tú eres el mismo. Eso lo relajó un poco. Se lanzó de frente al pasillo que lo llevaría a dar su primer discurso en la Presidencia de la República.

Revolución miraba incrédula la luz del sol. Le habían devuelto su ropa cinco minutos atrás y estaba parada afuera de un cereso acostumbrándose al resplandor. Fernanda salió inmediatamente después. Casi no se reconocían, habían pasado meses separadas, viviendo cada una en un cuartito diminuto alejado del sol. No supieron si abrazarse, llorar, reír... Revolución juró por unos segundos que estaba muerta y que aquello no era más que el paraíso final, le pareció una liberación terrible encontrarse en un paraje tan inhóspito como ese. Cayó en la cuenta, muy rápido, estaba viva... y era libre, por fin. Sus ojos adoloridos miraron a Fernanda y su boca seca le sonrió. Se abrazaron. Un auto las esperaba, específicamente a ellas, a unos pasos. Cuando pudieron reconocer sus nombres en la pancarta que sostenía un hombrecillo acartonado, subieron al auto. Cerraron las ventanas, la luz era demasiada y dolía en las pupilas.

- ¿Cuánto tiempo estuvimos ahí? ¿Quién nos sacó? ¿Qué ha pasado? ¿Quién eres tú? ¿A dónde nos llevas? - Los pensamientos de Revolución se agolparon en su garganta, salieron en tropel con una voz rasposa que a ella misma le costó trabajo reconocer. El hombre respondió tranquilo, con una sonrisa.
- No me conoces, me llamo Luis. Lo que ha pasado es muy largo para contárselos ahora, creo que él querrá hacerlo por sí mismo de todas formas. La Voz, quiero decir, así es como ustedes lo conocen.

Se quedaron en silencio, nadie supo si debían seguir preguntando, si debían temer o reír o llorar. Revolución miró por la ventana, el camino se le antojaba un sueño, un largo y paciente sueño que la había esperado detrás de los barrotes, detrás de las altas paredes de concreto, detrás de los gritos, el llanto y la tortura. Todo parecía un sueño que nadie lograba comprender, que no era importante entender ahora. Cerró los ojos y se recostó en el asiento. Fernanda puso una mano sobre la suya.

- ¿Somos libres? ¿En verdad somos libres?
- Somos libres...

After a year or two, maybe more, she never did remember how many they were exactly, of trying to live a regular live in those places she had known for a lifetime, she grew tired, even sick, and she ran away... Revolution's mind was heavy in hard memories. It was suffocated with guns and shouting. It was crowded with people she knew was lost. She never saw or heard of that guy Sandoval again, neither of his lover - what was her name again?, nobody knew. 

domingo, enero 29, 2012

Desire

Falling... the ocean swallows my heart, my brain, I think no more. I got lost in the sea. That's all.  Falling... deep. I feel the water in my launghs, the heavy burgain of the past running deep into my throught. I'm guessing is some sort of redemption, the killing of a shadow. No, I am not suicidal. I just want to eliminate the nasty feeling of that someone who's being watching me all this time. So... I got myself into the ocean, swalloed the water in an impulse for redemption... redemption. Cleansingnes -what I need. It is a crazy desire -I know, yet a strong desire. I must go for it. I must let myself go into the ocean, fall into the water, go deep... deeper... deeper. The water is cold, solid and so blue it almost feels black. My body is a mere mass of colapsing air. Nothing is left to be told, to apologise, to forget, 'cause everything if washed by the salt pushing it out of my skin. Heavyly, I fall. Once my feet had touched the bottom -rock bottom- I begin the journey back. I jump towards tha sun, so far. I swim back, slowly. I refuse to leave the water. I wished I was some sort of fish, maybe a mythological being. I wished I could stay down here.

jueves, enero 26, 2012

El plato de fin de año



Cuento corto biodegradable.

Solitario, vagando en la playa con el viento de frente, iba yo observando lo que acontece en el mundo. El río daba vuelta por la derecha y caía entre las olas mezclando su frío con el calor de la sal. Allá lejos vienen unos chavos caminando por el ras de las olas. Oigo sus carcajadas. No entiendo qué se dicen. La lengüeta de arena que marca la diferencia entre dulce y salado los espera paciente. Ellos llegan en saltos y risas, buscan por dónde cruzar. Yo sigo arriba. Vociferan. Llegan al final de la lengua. Meten los pies al agua salobre, observan la profundidad. Unos regresan por el centro de la lengüeta, otros caminan por el borde pendientes del lecho del río. Ninguno me ve pero yo los observo atento. En una vuelta que doy, regreso la mirada y ellos ya no están. Los encuentro en un recodo del río discutiendo la forma de pasar. Una ya está dentro, otro la sigue, otras la ven, gritan y deciden quitarse los pantalones para llegar al otro lado. El agua debe estar muy fría, tiemblan... El viento me ha llevado a las ramas de los pinos. Ya no veo nada.

(La comuna-secta Casiopea fue fundada un 31 de diciembre de 2011, casi 1º de enero de 2012 con la firme intensión de establecer las fáciles reglas de conducta de un grupo de personas que en algún momento conviven felizmente. ¿Algún día se hará realidad? Hay que preguntárselo en serio. Por lo pronto este plato ha sido testigo de una parte de su alocada historia, como muchos otros utensilios que no aparece aún en esta relación...)

miércoles, enero 25, 2012

Drew

Era un ser pequeñito, chaparro y flaquito, o así me lo pareció. Sus ojos enormes me miraron por primera vez en el salón donde solíamos reunirnos con los demás, estaba escondido entre las sombras, con sus manitas verdes apenas saliendo de la túnica negra grisácea que siempre usaba, pegadas ambas a los costados de su cuerpo, su gran nariz sobresalía con su fleco amarillo anaranjado de la capucha que nunca se quita. No conozco su rostro, tengo que admitirlo, he visto sus ojos porque brillan, pero nunca he visto su rostro. Camina chistoso, como dando brinquitos, sus pies rara vez salen de la túnica que arrastra por todos lados. Nada le acompleja, anda siempre sonriente, lo cual es raro para un ser de tan pequeña estatura y tanta extrañeza. No habla, apenas suelta uno que otro sondillo casi chillón, todo lo dice con gestos, es un maestro para darse a entender con las manos. Escribe con cierta solemnidad, en una letra barroca, recargada de florituras, como si fuera una pequeña imprenta de hace muchos siglos, es en verdad hermosa su caligrafía y es lo que más orgulloso le hace de sí mismo. Tiene un lenguaje extraño, aún así, una mezcla de expresiones antiguas con modernas y ultramodernas que, de ser usada por otra persona, no tendría sentido ninguno, pero él la hace funcionar y todo se lee tan claro una vez que has entendido sus formas.
Se llama Drew. Es una especie de goblin, duende, elfo o algo así, me dijo él. No tiene idea de cuándo nació pero sabe que ha vivido muchísimos años. Su mejor habilidad, además de la escritura -dice él-, es esconderse entre las sombras donde nadie puede verlo, así ha viajado alrededor del mundo sin ser detectado. Cree que es único en su tipo, pero la verdad es que no está del todo seguro, ha visto dibujos de otros parecidos a él en muchos lados, pero tampoco está seguro de que esos sean reales. Sinceramente, no le importa. Regularmente anda solo, pero no es un ser solitario, suele hacer amistad con alguno que otro loco -como tú, dijo él- y con animales, muchos animales, le encantan los animales. Trae consigo, a manera  de mascota, a una mariposa azul que se le para a veces en el hombro, a veces en la nariz y que -como él- ha vivido innumerables años. Entre sus habilidades también cuenta la de ver cosas que los demás no pueden ver. Con sus ojotes tan grandotes y resplandecientes, suele vislumbrar hasta el más pequeño detalle de una situación y puede resolver problemas realmente complicados.
Una vez, mientras platicábamos en un café de Paris -la calle-, le pregunté cómo es que habían pasado tantos siglos de historia humana y aún no hemos inventado cómo volar sin aviones, con alas pegadas al cuerpo o algo así, sintiendo el aire puro en nuestra cara, pudiendo manipular el vuelo como los pájaros. La mariposa azul se le vino a parar a la nariz y él dijo: porque el hombre no es un pájaro y no está hecho para volar, el hombre debe caminar primero. Pero ya caminamos, dije yo. Él movió la cabeza a un lado y a otro, espantó a la mariposa que revoloteó sobre él. No lo hacen bien, dijo, aplastan todo a su camino, el hombre anda con la cabeza erguida para no ver por donde pasa y entonces se le olvidan todas las cosas que ha dejado al andar, ese es el problema, cuando el hombre pueda andar consciente de su camino, podrá aprender a volar. Me quedé callada y bebí un trago de café contemplando el horizonte citadino, ¿tenía razón? Sabes que tengo razón, me dijo como si escuchara mis pensamientos. De él ya poco hay que me asombre.
Otra de esas veces, mientras caminábamos por la playa al atardecer -eso sí, no le gustan los medios días, hace demasiado sol para él y su piel verde se torna de un café que le parece espantoso-, le pregunté si todas las historias del mundo ya se habían escrito, si, tal vez, todo lo que había que crear ya había sido creado y si ahora íbamos en una decadencia artística imposible. Se rió, con su risilla chillona, y dio un brinquito sobre un tronco que el mar había escupido hacia la arena. Ya sé, le dije, es una cuestión absurda. Jaló la pierna de mi pantalón raído y me dijo que lo mirara a los ojos. Si ya todo hubiera sido creado, yo no estaría aquí. Qué razón tenía, qué razón tiene siempre que hablo con él mientras los demás duermen, cuentan, arreglan, mandan, caminan, viajan, escriben, trabajan, gritan, circulan, beben y hacen todas esas cosas que hacen el resto del día cuando yo me siento en alguna roca imaginaria a mirar el sol caer sobre las olas con Drew a mi lado y su mariposa azul rondando por nuestras cabezas.

viernes, enero 20, 2012

The reunion

Falling asleep, Revolution stared at the ceiling with her eyes wide open, Fernanda left just a few minutes before. They had being drinking and chatting. Revolution felt some comfort sliding down her throat, she had suddenly forgotten the horrors of the last days. The memories kept coming, old days, they seemed so far away, so lost, so unreachable now. Fernanda knew, when she left, that Revolution would go back to her eternal blackness, there was nothing to do about it. Fernanda was kinda gray herself. There was nothing to do about it. The truth, the horrible heavy truth, was that the scars taken by the war were impossible to erase. They were tattooed so deep in their minds. For a night -at least- they didn't hurt anymore. Revolution closed her eyes when the sun started to appeared in the horizon. She didn't dream, there where no nightmares to hunt her today. For a few days the warm feeling of comfort stood with the girls, even China notice the change in Revolutions face.

- Are ya smiling? Sweetie, are you smiling?
- Why do ask?
- I've never saw you smiling, I think... nop, never.
- There's always a first time, ain't it?
- Hahaha, yeah, always a first.
- So... what is it? Is it a guy? I've never heard ya mention a guy...
- No, it isn't a guy.
- A girl then?... a girl!
- Hahaha, it is a girl indeed, an old friend... not what you think.
- A girl... friend.
- No, no, just a girl who is friend, a very old friend form... well, home.

In many years, this was the first time Revolution dared to think about her old country as home. For her, for all those who were involved in the movement, home was an ancient concept lost between bullets and suffering. Tonight, at least tonight, there was no place like home. Revolutions mind was in peace.